La historia de la humanidad
es la búsqueda, la tensión continua, la lucha, a veces dura, de la conquista de
la libertad. La libertad y la cultura son
quizás los valores más decisorios en la vida de las personas. La libertad es la
condición primigenia, fundacional de la convivencia social democrática basada
en el respeto y la observación minuciosa de los Derechos Humanos.
La cultura precisa un ejercicio continuado, necesita fortalecer
su musculatura a diario, vigorizarse y afianzarse en lo más profundo de la
sociedad civil y en la práctica diaria de nuestra esfera personal, desde el
ámbito del núcleo familiar hasta el de la participación activa y responsable en
el curso y destino del mundo. Los espacios de libertad y cultura son
necesarios, son la frontera irrenunciable de nuestras vidas. Esa es la labor
que desempeñan entre nosotros entidades como el Ateneo de Alicante, fundado en
1839.
Una de las libertades públicas fundamentales es la libertad de
expresión, unida al derecho de ser informados. Para mí hoy es un placer
dirigirles estas palabras con motivo de una nueva entrega de la revista que
pretende ser el eco, de estos valores.
Desde siempre la Diputación de Alicante ha
mantenido unas excelentes relaciones que han fructificado en una colaboración
estrecha que hoy refrendamos cara al prometedor futuro de esta entidad,
dinamizadora de la vida cultural de nuestra ciudad, el Ateneo de Alicante.