con el gusto de frutos de tu tierra,. .. el sabor por mí más deseado.
EL CICLO DE LA VIDA Nº 617
Por Rafaela Lax Ortuño
Y al final, el pecíolo soltó / aquella hoja inanimada / un lecho, húmedo mullido, / le acogió de mala gana.
Seca, rota y amarilla, / una ráfaga de viento, / la levantó de su cama / y corrió por los senderos, / entre troncos y lentiscos, / entre cardos y romeros, / entre tomillos y riscos…
Agotada, dolorida, / quedó tendida en la orilla / del riachuelo de la fuente…
… y veía pasar la gente, / ajenas a sus lamentos…
MANUEL MOLINA, poeta oriolano y ateneísta.
Por Mª Jesús Marí Molina.
Manuel Molina nació, al igual que Miguel Hernández, en la capital de la Vega Baja, lo que le permitió conocerle y admirarle.
Manolo, como le solían llamar amigos y conocidos, fue un cronista de su entorno social.
Era una persona atrayente, con un carisma agradable y sencillo, y esta forma de ser fue la que le acompañó durante toda su vida, tanto de trabajo como de escritor, sin un atisbo de vanidad.
Ha pasado mucho tiempo desde que nos entusiasmaba y distraía con sus historias en tertulias familiares. De ahí que sintamos su ausencia por todo aquello que no pudimos escuchar, y al mismo tiempo, pienso que –tal vez porque era mi tío- no le concedí la suficiente atención para aprender de su inestimable creación poética y humana tanto como él se merecía.
Poeta de nacimiento y comunicador nato, supo ver siendo muy joven el inmenso potencial que escondía aquel joven Miguel Hernández del que siempre fue seguidor.
Manolo nos ha dejado esa poesía crítica que situaba al hombre en el contexto de los problemas de su tiempo, y que representa una toma de posición respecto a los mismos, esa poesía que ahora me parece importante y que nos impulsó a todos los que lo conocimos y queríamos, a admirarlo sin condiciones.
Algo pasó, más arriba. / Mientras la lluvia caía, / el torrente se hizo río / y el río, arrastró dormida, / por encharcados senderos, / aquella hoja, ya herida, / por la carrera emprendida, / de los caminos del tiempo.
Más dolor, más amargura. / Y se fue hundiendo en el cieno, / Convirtiéndose en basura. / El ciclo, se completó. / Amor, supuso el sembrar, / aquel árbol, fuerte, hermoso. / Gloria, el nacer y brotar… / Fue creciendo, presumió
de belleza y libertad.
El otoño, fue fatal… / Luego: caída, soledad, / la muerte, resurrección, / al nutrir, con sus despojos, / la nueva generación.
Vienen las lluvias, / ya es primavera.
La vida empieza a brotar / en el bosque y la pradera… / El ciclo, vuelve a empezar / y lucen más las estrellas…
MI POETA FAVORITO
Por María José Ortiz Crespo.
Mi experiencia como lectora con la poesía y los poetas del Ateneo, además de ser gratificante y poder conocer la obra de algunos poetas ateneistas, no tan conocidos como debieran serlo, también me dio la oportunidad de darlos a conocer como miembro activo del Grupo Sociedad y Cultura del Ateneo.
El poeta que más he recitado ha sido JOSÉ MARIA CARRO. Recuerdo que vino al Ateneo a recoger un premio. Después leímos algunos de sus poemas. Entre los que yo leí, hay uno que siempre que hay un recital y el tema me lo permite, lo incluyo, y del que voy a transcribir unas líneas del mismo:
ESTA LLORANDO EL ROCÍO
¡Esta llorando el rocío …
en la amapola bermeja¡
Las sombras están creciendo
la negra noche se acerca.
Y aquí te sigo esperando …
¡Ven antes de que amanezca!
cansado estoy de ir errante
sin saber, cuando el fin llega
ya me canso de buscar …
dejaste la puerta abierta
¿por qué no vuelves, amor?
¡Pesada y dura es la espera!
Llora conmigo el silencio
Y, en el valle, la fría niebla.
Porque es mi llanto el rocío …
que llora en las primaveras
José María Carro es alicantino de nacimiento y socio del Ateneo. Aunque tiene su residencia en Valladolid, nunca olvidó a su querido Alicante y tiene muchos poemas dedicados a la ciudad donde nació. Tal vez por ello le admiro y respeto más.